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lunes, 21 de junio de 2010

El hombre de las cinco y veintitrés

Aquel es el hombre de las cinco y veintitrés. Todos los días, a la misma hora, se deja caer por la misma cafetería, La Fontana, que se encuentra en la avenida principal, cerca del puerto. Un viernes de octubre decidí acercarme a su mesa, la misma en el que se toma su capuccino diario, la que estaba junto a la ventana desde la que se puede observar el parque de la avenida. Nunca llegué a decirle nada, pero le miré, y él me devolvió la mirada. Desde aquel día supe que era especial. No le conozco, sólo sé que es el hombre que todos los días, a las cinco y veintitrés aparece en aquella cafetería.

martes, 22 de diciembre de 2009

No te rindas.

- Tú no lo entiendes. Te juro que he intentado por todos los medios frenar esta situación pero creo que ya es demasiado tarde. Y lo peor de todo es que esto me está jodiendo la vida hasta el punto de que al levantarme cada mañana no encuentro motivación alguna para seguir viviendo. Ahora solo me queda rendirme..

- Te equivocas. Tienes la gran motivación de que si te rindes, si te permites perder la partida sin ni siquiera mover ficha, destruirás dos vidas. Para empezar la tuya, de la que soy testigo de como se consume día tras día, y luego la mía. ¿O piensas que yo puedo seguir con ganas de vivir si tú te rindes? Así que al menos espero que te compadezcas de mí y decidas luchar hasta al final.

lunes, 19 de octubre de 2009

Good girl.

Era como uno de esos sueños que piensas que jamás se cumplirán. Ella estaba allí, en la gran ciudad, Nueva York.
Quería disfrutar al máximo de esas dos semanas, de esa nueva y a la vez pequeña etapa que nacía en su vida.
Con su cara de chica buena que no ha roto un plato en su vida, paseaba por Central Park con la misma cara que una niña pequeña pone cuando le regalan la muñeca que quiere.
-Bienvenida a Nueva York - se dijo a si misma mientras dibujaba en su cara una de sus brillantes sonrisas.

jueves, 27 de agosto de 2009

Un amor lleno de odio

Se quedaron callados durante un instante. Se miraron y sonrieron. Decidieron caminar por calles diferentes y prometieron no volver a encontrarse. Sabían perfectamente lo que había entre ellos, todo ese amor y tambien ese odio. Entre ellos existía una gran contradicción de sentimientos. Si estaban juntos se hacían daño, pero alejados no se sentían precisamente mejor. Su amor estaba lleno de espinas, como las de las rosas, esas que si te clavas provocan que un par de lágrimas rocen tus mejillas. Y su odio estaba lleno de pasión. Podían insultarse o entregarse al deseo, ambas cosas eran aceptables en esa relación. Ellos sabían que eso no les hacía ningún bien a ninguno, que lo mejor era terminar, y así lo hicieron. Sin ninguna palabra. Una mirada fue sufiente para despedirse para siempre.

jueves, 20 de agosto de 2009

Ella. El reflejo de la tristeza.

Allí se encontraba ella. Estaba sentada en aquella acera bajo la lluvia. Lloraba sin parar provocando que se le corriese el rimel. Eran pocas las personas que pasaban por aquella solitaria calle y aún eran menos las personas que veían como la joven se sumía en una profunda soledad. Era muy grande la tristeza que llenaba su corazón. No se sabe el tiempo exacto que pasó hasta que decidió levantarse en una dirección desconocida. Tampoco se sabe que fue de ella después.


Ella era, sin dudarlo, el reflejo de la tristeza.



lunes, 22 de junio de 2009

Historia de un amor no correspondido

- ¿Te pasa algo? Hoy estás... diferente.

- Pués ahora que lo preguntas, si, me pasa algo. Me pasa que me cansé de esperar como una imbécil a que te dignes a llamarme para preguntarme que tal me ha ido el día. Me cansé de estar escuchando todo el tiempo como me hablas de ella. Me cansé de pensar las veinticuatro horas del día en ti. Me cansé de que seas el que invade mis sueños cada noche. Simplemente me cansé de quererte.

- Vaya... No se que decir...

- Es que ya no quiero que digas nada. El tren ya pasó. Siempre fui esa amiga que te escuchó pero ahora ya no puedo más. Cada segundo que pasa contigo sufro. Si. Sufro porque veo con claridad como te brillan los ojos cuando me hablas de ella y como tu sonrisa se hace más grande cuando pronuncias su nombre. .Sufro porque sé que nunca sentirás eso por mí.